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Bueno; ya después de
cierto tiempo de digerir la situación que se presentó a
principios del mes de septiembre del 2007, decido
escribir mi historia sobre el intento de atraco en
instalaciones de mi escuela en Bucaramanga.
Eran aproximadamente
las 7:00 de la noche del día jueves 6 de septiembre.
Estábamos en la casa y todos en el mismo sitio (oficina)
mi primo Jairo Martínez, mi amigo y alumno Andrés
Bernal, quien había llegado ese mismo día de la ciudad
de Bogotá para entrenar (y vaya práctica la que
tuvimos), Alberto, un amigo reciente, mi esposa y mis 2
hijos Daigoro y Kirina.
Con Andrés Bernal
estábamos en el escritorio trabajando en los
computadores portátiles, pasando información de un
computador al otro. La puerta de la casa estaba abierta,
pues la confianza de estar en la propia casa es única,
cosa que no sucedió en este caso. Tenía mi auto
estacionado frente a la única ventana que da a la calle
y cuando escribía en el portátil vi pasar una sombra
frente a mi auto, cosa que me causó curiosidad, ya que
este paso es bastante incómodo. Miré hacia la ventana y
vi a una persona con gorra que entró repentinamente a la
casa levantando la camiseta para sacar su revolver,
momento en el que me lancé a controlar la mano con un
omote gyaku (luxación de mano exterior). En ese momento
salió el primer de cuatro disparos el cual impactó en la
ventana de la escuela. Lo presioné contra mi pecho y lo
fui empujando hasta sacarlo de la casa para proteger a
las personas que en ese momento la habitaban. Lo llevé
hasta la mitad de la calle y lo proyecté al piso en un
sutemi (sacrificando mi propio equilibrio) por lo que
caímos juntos pero afortunadamente le seguía
controlando. El ladrón en su afán de escapar y de
controlar la situación, seguía forcejeando para lograr
soltarse del agarre de mano, momento en el que accionó
en 3 veces consecutivas, causándole daños a un autobús
que estaba de paso por el sector.
Después de estos
disparos y de forcejear para que no lograra impactar con
su revolver mi cuerpo, di unos golpes con la rodilla y
el codo logrando que este soltara el arma de fuego,
logrando así propinarle unos golpes en la cabeza hasta
dejarlo quieto.
Cuando me estaba
levantando para revisar el espacio, este aprovechó el
momento y corrió por la calle tratando de huir, pero a
mitad de cuadra lo alcanzamos con Andrés y mi primo,
quienes aprovecharon que ya estaba indefenso y tras un
golpe fue al piso para que lo atendieran unos
cuantos voluntarios que no se de donde carajos salieron,
jajajajajajajaja, la gallada del barrio.
La policía llegó tras
unos 10 minutos del hecho y así les entregué al ladrón y
el revolver que le había arrebatado.
Es en este momento
cuando entra la razón al cuerpo, y uno inicia a imaginar
como hubiera sido si las cosas no pasarán como en esta
ocasión. Un abrazo a mis hijos y mi esposa es lo primero
que viene a la mente. El revisar que las cosas en la
casa hayan salido bien, porque la verdad es que en el
primer disparo no se sabe con certeza a donde fue a dar,
incluso revisé mi auto a ver si de tantos tiros no había
alguno por allí incrustado.
Mi familia está bien,
al igual que mis amigos y la gente del barrio; todos me
miran con profunda admiración, es la recompensa a
semejante hazaña. Hasta la policía se pregunta como
carajos pudo quitarle el arma, pero cuando se acercan al
sitio de los hechos se dan cuenta que es una escuela de
artes marciales, entonces sueltan la risa y dicen "¿pero
que ladrón tan estúpido, será que no sabe leer?",
jajajajaja
Después de semejante
susto esto ayuda a relajar mi cuerpo.
Esto apenas iniciaba,
pues horas pasé en la fiscalía rindiendo indagatoria y
en exámenes de medicina legal para ver los supuestos
daños que no existían en mi cuerpo. Luego las fotos por
parte del CTI (cuerpo técnico de investigación) y
levantamiento de pruebas, las cuales solo eran unos
pequeños pedazos de vidrio, pues los plomos no se
encontraron, y las vainillas obviamente estaban en el
revolver.
Al ladrón no lo
pudieron remitir a la fiscalía por los múltiples golpes,
entonces lo llevaron al hospital Universitario de
Santander. Lo mantuvieron la noche del jueves, el
viernes, el sábado, y el domingo lo entregaron en
custodia al INPEC (Instituto Nacional Penitenciario y
Carcelario), institución que se encargaría de vigilarlo
en el hospital, ya que por sus fracturas de costillas,
mano y cortadas en la cabeza no lo podían aún trasladar
a la cárcel.
Hasta aquí todo
marchaba color de roza..........
El día lunes llegan a
mi casa policías con ametralladoras, pistolas y chalecos
anti balas en motos para escoltar la casa, la noticia,
el ladrón ..... alias el "cachorro" (Carlos Andrés
Estupiñán) había escapado del hospital y la seguridad de
la casa y la mía estaban amenazadas por la alta
peligrosidad de este delincuente, cosa que aún no sabía;
Yo pensaba que era un ladroncillo común y corriente.
Según informes de la
policía estaba tratando de huir de la ciudad y estaba
armado con pistola nuevamente. La verdad no pensé que lo
fueran a atrapar, pero me llevaron a un CAI (Centro de
Atención Inmediata de la Policía) cercano y me di cuenta
de la magnitud del operativo que tenían en ese momento.
Fuerzas conjuntas reunían aproximadamente 500 hombres
entre personal de la policía y guardias del INPEC. Hacia
el medio día de ese lunes recibí la noticia que lo
habían capturado de nuevo, lo cual alentaba en mi una
luz de tranquilidad y esperanza.
Hoy el delincuente
espera condena en la Cárcel Modelo de Bucaramanga.
Le debo la vida al
Ninjutsu, a la Bujinkan y a mis maestros, que bellas son
las Artes Marciales; estas me dan una nueva oportunidad
de vivir y de abrazar a mi familia, aparte de seguir
compartiendo con mis amigos y alumnos.
Muchas gracias a
Pedro Fleitas y Hatsumi Sensei
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La noticia fue
presentada en muchos diarios, radio y televisión; eso si
con un error fatal en la noticia diciendo que era una
escuela de Karate Dô, producto esto de la desinformación
de estos medios sobre la diferencia entre unos estilos y
otros.
Aquí coloco fotos de
lo sucedido.
Y sí digo algo de
corazón
"ojalá esto nunca
hubiera sucedido"
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